Monday, May 25, 2015

La alianza


El martes pasado se presentó públicamente el acuerdo político entre el diputado nacional José Cano y el intendente capitalino Domingo Amaya. Las negociaciones que permitieron llegar a este resultado se aceleraron en las últimas semanas a medida que se acercaba el 22 de mayo, fecha límite para presentar alianzas electorales con vistas a los comicios generales del 23 de agosto venidero. Los trascendidos acerca de una posible unión entre ambos referentes políticos comenzaron a tomar fuerza con la llegada del año en curso, cuando se hizo evidente que para el espacio actualmente gobernante no había otra fórmula posible que la integrada por Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. El mensaje que recibía Amaya no podía ser más claro: jamás sería el delfín de José Alperovich. Como máximo se le ofrecía la chance de competir en elecciones internas con el todavía ministro de Salud de la Nación, algo que nunca pasó por la cabeza del lord mayor. Quién mejor que un peronista de toda la vida como él sabe lo que significa competir casi en solitario contra el aparato de su partido. Con picardía, el alperovichismo pretendió forzarlo a no sacar los pies del plato cuando en enero pasado le ofreció integrar la lista de unidad para la renovación de autoridades del Partido Justicialista. Pero el "colorado" no estaba dispuesto a recibir este verdadero abrazo del oso pensado para obturarle mayores ambiciones.
Al intendente de la capital tucumana se le ofrecían desde Casa de Gobierno dos alternativas. Una rendición honrosa que a lo sumo podía depararle un cargo en la legislatura local o con un poco de suerte un pasaje al Congreso de la Nación. O el competir por el sillón de Lucas Córdoba por fuera del peronismo oficial. Luego de 12 años al frente de la intendencia, Amaya se sentía fuerte como para dar batalla y resistir el ninguneo.

La carrera a la gobernación tenía hasta la semana pasada tres candidatos, luego del abandono del secretario de Obras Públicas de la Nación, el concepcionense José López, para quien su candidatura nunca fue más que una prenda de negociación para ubicarse en alguna lista legislativa, como finalmente sucedió. Las pocas encuestas dadas a conocer hablaban de cierta paridad entre Manzur y Cano, con Amaya en el tercer lugar. Difícil saber qué peso tuvieron estas mediciones previas para precipitar el acuerdo sellado por los dos últimos. No menor si hemos de creerles que serán esas mismas encuestas las que definirán quien encabezará la fórmula conjunta. 

Un soleado mediodía enmarcó la presentación pública de la flamante sociedad política. La Casa Histórica fue el sitio elegido como escenario. Algo atinado para un espacio al que llamaron "Acuerdo por el Tucumán del Bicentenario". Se dice que ambos líderes no pudieron disimular el nerviosismo y que estuvieron atentos a no incomodarse el uno al otro. No hubo discursos. La militancia de cada sector evitó mezclarse, ubicándose a cada lado del improvisado estrado. Pudo verse a varias figuras políticas importantes de otros tiempos, como Ruben Chebaia, Olijela Rivas, Julio Díaz Lozano o Alejandro Sangenis. Faltaban Rodolfo Campero y José Domato y parecía que estábamos viendo Volver al Futuro.

El alperovichismo sintió el golpe. Las acusaciones de traición llovieron en seguida sobre la humanidad de Domingo Amaya. Hasta el mismo gobernador, generalmente medido en sus dichos, se dejó llevar por la bronca y desencajado señaló que "quien traiciona una vez, traiciona siempre". Que lo diga si no su antiguo partido, la UCR. 
Rápidamente, la mayoría automática de la Legislatura aprobó una norma que modifica el régimen electoral al prohibir las dobles candidaturas, ante la posibilidad de que Cano se presente como aspirante a senador nacional en las PASO del 9 de agosto enfrentando a Alperovich. Después de años de servirse una y otra vez de esta herramienta, el grupo gobernante descubre su naturaleza engañosa para con el electorado.

Es sabido que en política 2+2 no siempre es 4. Habrá que ver cómo impacta en la opinión pública este acuerdo que sacudió el tablero político. El radicalismo ha demostrado disposición a pagar algunos costos y a resignar ciertas ambiciones de unas cuantas de sus no muchas figuras en pos del objetivo supremo de la gobernación provincial. Todo indica que el partido fundado por Alem tiene chances reales de sentar a uno de los suyos en el edificio ubicado frente a Plaza Independencia. La última vez que ocurrió algo similar fue en 1987 de la mano de Chebaia. Es ahora o nunca.  



3 comments:

  1. Hay una innegable expresión de deseos implícita en este artículo de Pascual. Creo que estos muchachos no tienen ni la más mínima posibilidad. Solo en un corazoncito atolondrado y radical se puede tener albergar alguna esperanza...

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  2. Feliz cumpleaños, flaco...

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