Wednesday, October 28, 2015

Se va la segunda


Todavía no salimos del asombro ante el resultado de las elecciones del pasado domingo. Lo que revelaron las urnas una vez abiertas no estaba en los cálculos de nadie. Las muchas encuestas que se vinieron realizando desde las PASO de agosto fallaron por completo, inclusive las que se hicieron en la misma jornada electoral, las llamadas "boca de urnas". Tampoco curtidos y reputados analistas políticos fueron capaces de advertir lo que el electorado nacional se traía entre manos. Así por ejemplo, pudimos ver a Jorge Asís la semana pasada decirle con total seguridad a Alejandro Fantino en su programa que no existía la menor duda acerca del triunfo de Daniel Scioli en primera vuelta. Los programas radiales y televisivos, así como las columnas de opinión de los diarios, como dando por hecho la victoria del candidato oficialista, especulaban sobre lo que habría de esperarse de ese nuevo gobierno y sobre todo cómo serían las relaciones entre el presidente ex motonauta y la líder hasta aquí indiscutida de su espacio. Se pensaba en algunos casos más en las elecciones legislativas de 2017, posible escenario del choque entre el kirchnerismo y el sciolismo para ver quién se quedaba con el liderazgo peronista, que en las presidenciales del domingo 25 de octubre.

Las autoridades electorales habían ya advertido que los primeros resultados iban a estar alrededor de las 22 hs., por lo que habría que armarse de paciencia y calmar la ansiedad. Pero desde temprano empezaron a aparecer señales de lo que vendría. Los noteros que Radio 10 tenía esparcidos en multitud de escuelas de Capital y Provincia de Buenos Aires daban números de urnas recién escrutadas que no entraban en los cálculos previos. Pasaban las horas y no se escuchaba palabra alguna desde el campamento sciolista. Por entonces se pudo ver a Gabriela Michetti en compañía de otras figuras de Cambiemos subir al escenario y contar que la cosa venía muy bien para el espacio constituido por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Su cara de felicidad mostraba que estaba siendo sincera.

En cualquier acto eleccionario es costumbre que el ganador sea el último en aparecer en público, una vez que los vencidos hicieran lo propio reconociendo su derrota. Esta vez, y en otra muestra de lo atípica que fue esta elección, quien primero se subió al escenario fue el triunfador. Con rostro desencajado e indisimulable fastidio, Scioli en su discurso confirmó implícitamente que habría ballottage y abrió de paso la campaña para el mismo atacando a su desde entonces único contendiente.
A continuación Macri apareció en escena para celebrar con los suyos haber cumplido el objetivo de forzar una segunda vuelta. Con estudiadas palabras, agradeció a quienes lo votaron y empezó a intentar seducir a quienes no lo hicieron.
Los demás candidatos fueron apareciendo en sus respectivos bunkers para felicitarse por la tarea cumplida. Todo esto se dio sin siquiera conocerse el dato oficial de una sola mesa.
Recién pasadas las 12 de la noche aparecieron los primeros datos oficiales. Y ahí los millones que seguíamos las pantallas quedamos boquiabiertos. Macri no sólo conseguía entrar al ballottage, sino que le ganaba 36 a 34 % a Scioli con el 70% de las mesas escrutadas. Y no sólo eso. María Eugenia Vidal, hasta hace unos meses desconocida para el gran público, le ganaba con claridad a Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires, gobernada por el peronismo desde 1987. Que alguien nos pellizque. 

Empezamos a vivir desde la noche del domingo un tiempo político nuevo. Nunca hubo ballottage en la Argentina. Es de prever que la gente demuestre mayor interés en esta campaña que el que tuvo en la de la primera vuelta. La polarización es ahora inevitable. La fuerte división que se gestó en estos años políticamente intensos entre lo K y lo anti K  va a tener ahora su choque frontal y definitivo el próximo 22 de noviembre, donde no habrá lugar para neutrales o indiferentes. O cambiamos o seguimos así. 





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